Situación de los cuidados en el Madrid Global

Madrid, España
1ª ronda Quedan 19 días
Obtenido
€ 965
Mínimo
€ 1.250
Óptimo
€ 6.300
25 Cofinanciadores
Aportando € 5
Simpatizante
Cada gota cuenta para que podamos realizar esta investigación. Tu nombre aparecerá en los créditos de los estudios y en la web como mecenas.
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Aportando € 10
Compañera
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Amiga
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Fan
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Coproductora
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Sobre este proyecto

Trabajo invisible y trabajo precario en los hogares
Tarea Mínimo Óptimo
Transcripción entrevistas
Transcripción de las entrevistas al formato escrito.
€ 900
Costes de Tramitación (Paypal, Goteo, transferencias, etc.)
Comisiones asociadas a la gestión de proyecto en la plataforma, transferencias bancarias, etc.
€ 350
Contactación y selección de entrevistadas
Búsqueda y contactos previos para elegir a las fuentes/Historias de vida que se van a entrevistar.
€ 500
Realización de entrevistas
20 Entrevistas en profundidad de más de una hora de duración.
€ 800
Redacción de los cuatro capítulos
Tareas de redacción durante al menos tres meses.
€ 3.300
Difusión
Colgar los materiales en la web y realización de las presentaciones.
€ 450
Total € 1.250 € 6.300
Imprescindible
Adicional

Información general

Información General

Últimamente oímos hablar mucho de los “cuidados” por el impulso que ha logrado darle a este concepto la economía feminista. En Madrid, el Ayuntamiento está llevando adelante el Plan Madrid Ciudad de los Cuidados, que parte de una evaluación de las propias políticas municipales y las necesidades de la capital. Sin embargo, el trabajo doméstico, por su propia cualidad de “invisible” –confinado al ámbito privado– permanece muchas veces en las sombras. ¿Cuál es la vivencia de las madrileñas sobre las que recae la mayor parte de este trabajo? ¿Cómo afecta a sus vidas, a sus trabajo, a la plena realización de sus posibilidades e incluso a su capacidad de organizarse y luchar? Y respecto a las trabajadoras domésticas, ¿cómo son su condiciones laborales? ¿Por qué no suelen estar regularizadas? ¿Cómo lo viven y cómo se organizan para reivindicar ganar presencia pública y conseguir mejoras? Para este proyecto de investigación será importante tanto escuchar las voces de estas mujeres en primera persona, como encuadrarlas en un marco analítico que pueda aportar datos sobre la ciudad. Así como reflejar los principales debates que se están produciendo en este ámbito y las propuestas para intervenir desde el ámbito público e incluso para buscar soluciones más allá del Estado.

Descripción del proyecto

Trabajo de investigación sobre la base de 20 entrevistas/historias de vida a madrileñas –tanto amas de casa, como mujeres que compaginan esas tareas con el trabajo remunerado, y trabajadoras domésticas o del sector de cuidados–. Se partirá de un estado de la cuestión para, desde un marco general, encuadrar voces plurales de mujeres capaces de dar cuenta de las vivencias –y de la potencia política de lo personal–.

Índice

1. Introducción: cuidados en el ámbito doméstico y crisis de reproducción

2. Trabajo no pagado en el hogar: amas de casa, crianza, dependientes

3. Trabajadoras domésticas globales. Muletas en los hogares para el trabajo de cuidados.

Difusión de los resultados

Para difundir los resultados se plantea colgar todos los materiales producidos en internet para su libre consulta o utilización. También se escribirán artículos para diversos medios de comunicación con el objetivo de ampliar el ámbito de recepción. Así como se impartirán talleres de presentación y debate público de los contenidos.

Descripción del proyecto. Características, fortalezas y diferenciales.

Desarrollo del contenido de la investigación elaborada a partir de 20 entrevistas en profundidad

1. Introducción: cuidados en el ámbito doméstico y crisis de reproducción

¿A qué llamamos cuidados?
Qué es la crisis de cuidados.
Datos sobre Madrid.
Descripción metodológica.

2. Trabajo no pagado en el hogar: amas de casa, crianza, dependientes

El capitalismo creó de forma masiva fue el salario, y de él excluyó todas las tareas que hacen posible la vida y se las atribuyó a la mujer. Así, lo que llamamos tareas de reproducción –limpiar, cocinar, criar, cuidar–, es decir, producir trabajadores, estarían exentas de cualquier reconocimiento social y derecho y permanecerían invisibilizadas en el ámbito de lo privado. El salario sería para el hombre y con él mantendría al resto de la familia –y su poder sobre ella. Casi no importa decir que las desigualdades que sufrimos las mujeres hoy están relacionadas con esa separación de roles.

Hay cálculos que cifran el coste no remunerado de los cuidados a dependientes en un 5% del PIB –entre los 32.000 y los 50.000 millones de euros–. Esto sin incluir las tareas domésticas. ¿Por qué hablamos del coste de ocuparnos de los nuestros? Es cierto que no queremos una sociedad donde todo tenga su equivalente monetario, donde no se haga nada sin cobrar. Pero ¿cuándo hemos decidido que ese altísimo precio tenía que ser asumido en exclusiva por las mujeres? El precio de hacer personas es el precio de reproducir trabajadores –cuando criamos a nuestros niños–, poner a punto a otros para el trabajo –cocinar, lavar, limpiar para nuestros compañeros– u ocuparnos de los que no pueden valerse por sí mismos y que el mercado laboral desprecia.

Desde la economía feminista se nos advierte de que hay en marcha una auténtica “crisis de los cuidados”: las mujeres trabajamos cada vez más fuera de casa mientras aumentan las personas en situación de dependencia, sobre todo ancianos. Más del 70% de los dependientes reconocidos es mayor de 65 años. La atomización de la vida en las ciudades, el quiebre de las redes de apoyo tradicionales, así como la falta de implicación de los hombres en hogares donde las mujeres también trabajan está provocando un colapso en la capacidad de cuidar de las familias. Cada vez aparecen más ancianos muertos en sus casas tras días o semanas de abandono. Cada vez tenemos menos hijos por los altos costes personales para las mujeres y las dificultades para ser madre sin tener que renunciar a trabajar o a intervenir en el espacio público. No hay ni un reparto equitativo dentro de los hogares, ni medidas políticas destinadas a una solución colectiva de un problema que es de toda la sociedad. Una verdadera respuesta a la altura implicaría una reestructuración del conjunto del sistema social y económico.

3. Trabajadoras domésticas globales. Muletas en los hogares para el trabajo de cuidados.

Las trabajadoras domésticas emplea hoy a una parte muy importante de la fuerza laboral femenina, muchas veces sin contratos, sin horarios, sin derechos. Muchas de estas trabajadoras domésticas son inmigrantes, porque la ley de extranjería las hace todavía más vulnerables. Si eres mujer y migrante, tienes muchas posibilidades de estar en lo más bajo de la escala social. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su 'Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos', de 2011:

“… el trabajo doméstico sigue siendo infravalorado e invisible y está realizado principalmente por las mujeres y las niñas, muchas de las cuales son migrantes o forman parte de comunidades desfavorecidas, y son particularmente vulnerables a la discriminación con respecto a las condiciones de empleo y de trabajo, así como a otros abusos de los derechos humanos…”

Pero, ¿quién cuida de las cuidadoras? ¿Cómo solucionan ellas a su vez la necesidad de cuidados de sus familias? ¿A qué responde este olvido? No es casualidad que las empleadas de hogar constituyan el único colectivo laboral por cuenta ajena que no está protegido por el Estatuto de los Trabajadores. Es decir, no tienen derechos básicos como el paro y su trabajo se desarrolla sin ningún tipo de control, lo que facilita la contratación en negro. Todo ello “abarata” el coste de externalizar los cuidados. Es decir, se apuesta a que el precio –económico, personal– de cuidar lo paguen las mujeres, no la sociedad en su conjunto. A su vez, para que las mujeres de clase media puedan trabajar, se hace recaer buena parte de este peso en el último eslabón, las mujeres migrantes.

4. Transformar el mundo desde los cuidados: propuestas, debates, soluciones más allá del Estado.

Nuestro sistema de protección social se diseñó pensando en un mundo que ya no existe. Pero aunque la realidad se ha transformado, el sistema de organización y reparto de los cuidados no. En general, las leyes han ido destinadas a dar facilidades a las mujeres para que “concilien” su empleo con “su” responsabilidad de cuidados, no a socializarlos. Es un sistema que pone el acento en las soluciones privadas, como si fuese un problema individual y no de organización de la sociedad. Las consecuencias, las conocemos: algunas mujeres no tienen más alternativa que cuidar a tiempo completo y abandonar así otros espacios y su independencia económica. Otras hacen auténticos malabares para compatibilizar sus empleos con la tarea de cuidar como pueden, o como les dejan.

Hace falta una vuelta completa a esta situación. Gran parte del trabajo de cuidados tendría que llevarse a cabo de forma colectiva, social. Las empresas y el Estado deberían hacerse cargo de financiar e implementar medidas destinadas a que las tareas de cuidado sean asumidas entre todos. En ese sentido, desde el feminismo se piden medidas como ayudas económicas al cuidado, guarderías y aumento del gasto público en socializar los cuidados. Así como jornadas laborales más cortas –para hombres y mujeres– y otras medidas como permisos maternales y paternales iguales y obligatorios. Otra propuesta –fuertemente debatida– es la de la renta básica, aunque una parte del feminismo dice que podría reforzar la permanencia de las mujeres en el hogar, mientras que sus defensoras argumentan que daría autonomía a las mujeres que ahora cuidan sin ningún tipo de remuneración.

Sin embargo, muy lejos de todo esto, en los últimos tiempos hemos podido ver como se ha aprovechado la crisis para recortar en el ámbito social, incluso aunque España ya tenía un gasto muy por debajo de la media europea. Por ejemplo, las ayudas a las personas en situación de dependencia, que podrían aliviar algo la crisis de los cuidados, han sufrido recortes brutales que han supuesto un retroceso generalizado del sistema. Antes del 2012, las cuidadoras familiares cotizaban a la Seguridad Social, pero desde que ya no lo paga el Estado sino que depende de ellas mismas, el 94% no cotiza. En los últimos cinco años, 150.000 personas dependientes –90 cada día– murieron antes de recibir las prestaciones que habían solicitado. Las listas de espera son kilométricas. Así, los efectos de la crisis se están haciendo recaer en los más débiles socialmente, entre ellos las mujeres, mientras hemos visto como se rescataba a los bancos con miles de millones de todos.
Poner la vida en el centro de la organización social en vez del beneficio, como hace el capitalismo, es un enunciado de la economía feminista con gran potencial transformador. La potencia de reorganizar nuestras prioridades sociales para que cuidar no sea eso que “estamos obligadas a hacer las mujeres” sin cobrar y sin estatus, sino una tarea reconocida y esencial que forma parte del núcleo central de la vida humana y que a veces, también puede producir placer. Todos somos seres interdependientes, todos necesitamos cuidados, esa es la esencia de vivir juntos. El vínculo social está armado sobre redes de reciprocidad que, paradójicamente, también se debilitan si se dejan completamente en manos de la retribución económica o de la organización estatal.

Motivación y a quién va dirigido el proyecto

Va dirigido a toda persona interesada en entender la sociedad en la que vive. Al mismo tiempo, se espera que este trabajo pueda servir a los debates en marcha dentro del movimiento feminista, o incluso a la discusión de las políticas públicas relacionadas con estas cuestiones.
Se pretende que, con el rigor necesario, la investigación tenga un lenguaje capaz de llegar al mayor número posible de personas. También a personas que tengan interés en debatir estas cuestiones y aportar conocimiento colectivamente para impulsar el feminismo.

Experiencia previa y equipo

La Hidra Cooperativa está formada por personas con trayectoria y experiencia en investigación crítica, evaluación de políticas públicas y procesos de formación y participación. Contamos con metodologías que provienen de la sociología, la economía política, la antropología y la ciencia política.

Gran parte de los proyectos de consultoría e investigación los desarrollamos en colaboración con otras entidades sociales y políticas igualmente comprometidas con la transformación social.

Nuestra acción se fundamenta en tres servicios que ofrecemos a entidades públicas, comunitarias o privadas: investigación, consultoría y formación. A través de nuestro trabajo, queremos producir saberes prácticos destinados a intervenir en tres ámbitos estratégicos: economía urbana, bienes comunes y periferias. El trabajo en estos ámbitos configuran una crítica a la economía política urbana, es decir, herramientas, datos y conocimientos para identificar los orígenes de las desigualdades urbanas y plantear alternativas.

Tenemos experiencia en impartir cursos relacionados con los cuidados, como en este: Cuidados, ciudad e infraestructuras de lo común.

Puedes consultar aquí quiénes somos.

Compromiso social